Cada vez que regreso a la escritura hay un ciclo cumpliéndose en el mundo musical, ya sea el aniversario de algún lanzamiento, una muerte, el fin de una banda. No siempre escribo acerca del tema, sin embargo, es algo curioso; ustedes dirán: Pues por mera estadística a huevo habrá algo así. Sí, pero no todo encaja con la situación que vivo. Digo ésto pues el capítulo IV.- Buenos Adultos del Lng Sht cumplió dos años a principios de octubre.
Del ¿Álbum? ¿Disco? ¿Cómo se le dice hoy en día a ese compendio de canciones carentes de formato físico? Bueno, de él se dijeron muchas cosas en su lanzamiento, pero yo no dije nada porque, acá entre nos, apenas lo escuché. No me malinterpreten, no soy (al menos en este caso) el mamador que dice, yo no escucho a tal o cuál porque blablabla. si bien no soy seguidor habitual de Gastón, nunca me ha desagradado su estilo, además cómo se agarró los huevos para entrar en la música es algo inspirador.
Inspirador como este material. Ando en una etapa bien rara de mi vida, cagándola seguido con mi chica, sin poder terminar de despegar todos los proyectos que tengo, sin poder ver con frecuencia a mis polluelos, y ya viejo… y es por esa herida, la del tiempo dónde me llegó el IV.- Buenos Adultos. Si algo aprendió Lng Sht en su vida previa a la música, fue a retratar la incertidumbre de ser adulto para esta generación, la de los llamados Millenials. Una vida cómoda, para algunos más que para otros, pero también con la presión de ir creciendo, en la clase media, o media baja, en la mayoría de los casos, y no tener un patrimonio para esos hijos que cayeron de sorpresa, o no saber cómo enfrentar un proceso de divorcio, o una vida que pasó de golpe entre cervezas, patinetas, punk, mientras los jefes siguen viendo por nosotros aún cuando, A esta edad tu padre, ya mantenía tres hijos, con casa, casado…
Lluvia, es una perfecta radiografía de algo por lo que todos hemos pasado, el intentar, intentar y caer, no lograrlo, la desesperación, la incertidumbre, el miedo, la desesperanza, el no saber qué hacer, el desear ya no estar, esa pinche sensación que solamente quienes hemos estado en ese borde entendemos, el querer dar un salto de fe hacia las vías del metro, hacia el suelo desde una azotea, hacia abajo para permanecer suspendidos del cuello con una cuerda. Este enésimo blog es muestra de esos muchos intentos.
Y qué decir del himno La Marcha de los Tristes. Un poco de esperanza en medio de esta depresión crónica tanto que ya nadie repara en ella, un trastorno hecho norma. Puedo seguir track por track, pero mejor escúchenlo. Esperen, otra recomendación especial del disco (¡Ah, lo escribí!) Cuando Regreses, la rola por la que llegué al IV, ya ven el algoritmo nos va llevando a éstos caminos. Así que, mis chavos, dénse.


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