Ciudad Nezahualcóyotl, 1995.
Una señora lleva a sus hijos a la escuela, un niño a cada lado, el derecho para la niña, el izquierdo para el niño, una especie de anticipación ideológica, quizá. A esa hora, casi a las 8 de la mañana, ya hay música sonando en los locales abiertos antes del alba. Podrán decir muchas cosas de Nezahualcóyotl, menos que su gente no le chinga para conseguir el pan nuestro de cada día, amén. Cómo les decía, de esos negocios sale música, ¿de qué tipo? Rock, pues como alguna vez me dijo el baterista de Los Cogelones, en una ya lejana entrevista, en Neza se mama el Rock.
Ese niño nunca tuvo un disco propio hasta su adolescencia, pero no fue necesario tenerlo para aprenderse muchos himnos callejeros que sonaban en tianguis, mercados, tiendas, puntos de distribución de la tan temida marihuana. En ese momento el niño ignoraba algo, varias de esas canciones estaban hechas por bandas mexiquenses, e incluso de su mismo municipio. Una verdad le sería revelada más tarde: La música hecha en el municipio más chingón del Estado de México es gloriosa.
El morrillo creció con la música llamada alternativa entrando a sus trompas de eustaquio, en su cabeza el martillo y yunque golpeaban al ritmo de alguna rola del Haragán, Bostik, Joy Division, Los Stones, porque claro, ahí en el barrio no se discrimina por el idioma. Deberían escucharnos con nuestro inglés a medias, pero tan sincero como las rolas aprendidas a punta de cancioneros.
CDMX 2024
Fruto de la simbiosis Musica-Neza, está Vilevo, banda con bases Post Punk y New Wave. Llegaron a mis oídos gracias al algoritmo cuya intromisión resulta grata de vez en vez. La atmósfera en la que Vilevo nos sumerge es mágica, el bajo marcando pauta, la guitarra identificándose cómo sintetizador, esa batería, que creo es de cajita, completando la melodía para dar paso a una voz adecuada para el género y la cuál no cae en el tono grave fingido usado por más de uno. La conjunción de esos elementos, sumados a la vibra mistico-espacial en las letras y notas, sacuden tu cabeza, te empujan al éxtasis.
Escucharlos es como ir a una distopía donde la luz neón sigue reinando, los audífonos alámbricos no han sido sustituidos por el molesto Bluetooth y un dispositivo independiente al comunicador personal portátil alimenta tu cerebro con canciones de Vilevo, mientras buscas pistas para encontrar a un androide para llevarlo a testificar contra su dueño por un homicidio. A eso suena ésta banda, a ciencia ficción, a un futuro con gadgets analógicos, pero con la opción de conectarte a la red desde un puerto insertado en alguna parte de tu cuerpo. Space Wave, concuerdo con ese concepto, pues auténticamente te llevan a distintos lugares en éste multi universo.
Y paso a la primera persona pues evidentemente yo soy ese niño que corre para cruzar la Av. Pantitlán y llegar a tiempo a estudiar. Mi madre y mi padre me dieron la vida, pero los años en Neza las fuerzas para enfrentarla y las canciones para disfrutarla. Si algo he de reconocerle a éstos tiempos de histeria e incertidumbre, es el acceso a tantos proyectos musicales, no todos buenos eso si, pero cada cierto tiempo se asoma entre la multitud uno chingón, por decir lo menos, Vilevo es claro ejemplo de eso.
Si me permiten, debo seguir ayudando a un crononauta, busca un robot prófugo, nos llevamos la música de Vilevo. Quién sabe, con suerte los encuentre en el futuro, o cómo en este caso, en el pasado.


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