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Simpatía Hacia el Canalla, o Casi el Paraíso

Publicado Originalmente en el año 2015, en un blog que ya no existe.

Hay personajes entrañables, con quienes nos identificamos a tal punto que comenzamos a sentir afecto por ellos. Al ir adentrándonos  en su historia modificamos nuestra percepción del mundo, o no, a veces solo nos hacen pasar un rato entretenido con sus aventuras; sin embargo, también suelen nacer de la imaginación de algunos genios, protagonistas que mezclan perfectamente ambas cualidades, pues no solo atraviesan situaciones similares a las nuestras, también reaccionan cómo nosotros lo haríamos, o mejor aún, de un modo totalmente distinto. 

Tengo que aclarar que no todos los personajes (repetiré esta palabra varias veces, lo siento) por quienes sentimos empatía, cumplen con los requisitos morales o éticos para ser señalados con el adjetivo “buenos”, de ser así, Satanás no tendría seguidores tan fervientes. 

Ugo (sí, sin “H”) Conti, Príncipe, ocupa un lugar en la categoría de los mejores antihéroes (término que me incomoda) de mi lisa personal… ¿saben qué?, definitivamente no es un antihéroe, tampoco es un villano, es simple y sencillamente un ser humano que responde del mejor modo que puede a las circunstancias, sí, esas que duelen. 

Luis Spota, narra en Casi el Paraíso la historia de un tal Amadeo Pádula, mejor conocido como el Príncipe Ugo Conti. No pude evitar crear un nexo entre esta novela y Diablo Guardián de Xavier Velasco, ¿por qué?, en ambas novelas el personaje central se vale de su carisma y atributos físicos para lograr sus objetivos, atraviesan momentos difíciles en la infancia que marcan el camino a seguir por el resto de su vida.

Casi el Paraíso, revela una sociedad decadente cuyo único sentido lo encuentra en el dinero, los lujos, en fin, un falso estatus para llenar su vacío existencial, sin importar que en esta búsqueda chantajeen, pisoteen o corrompan a quien se ponga enfrente.

Ugo Conti encierra todos los pecados de esa sociedad del México posrevolucionario. Solo le importa el dinero, aprendió a no querer, a engañar, a mentir, a entrar en la mente de las personas, a darles lo que quieren. Miente sí, pero los que están a su alrededor quieren creer esas mentiras, no se preocupan por averiguar si lo que Su Alteza dice es veraz, creen en él porque legítima su lugar en la sociedad (otra palabra repetida varias veces, lo sé).

No es una víctima, no es un delincuente, es un manipulador, es carismático, es especial, es todo lo que los demás quieren, por eso lo aceptan tan fácilmente, lo acogen, lo miman, cumplen sus caprichos pues a través de él, viven y tienen lo que de otro modo solo soñarían. Por eso duele el descubrimiento de la farsa, se derrumba su sueño, no hay príncipe, no hay un título nobiliario, solo queda un golfillo aprovechado que ganó experiencia mientras ellos ganaron humillación. El espejo perdió el satín que lo cubría, dejando expuesto el grotesco reflejo de la realidad; no se preocupen, inmediatamente cubren de nuevo el espejo, las ilusiones nunca terminan.

México pudo ser el paraíso, para Ugo Conti, casi lo fue.

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