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Semana de Perros IV

Camposanto

Han sido días difíciles, complicados. Mucho trabajo, poco tiempo para hacer actividades pendientes. Incluso éste ejercicio teóricamente semanal se ha retrasado. Pero llegó el Sábado, uno medianamente libre. He bebido el segundo café de la mañana, así que estoy totalmente despierto ¿qué hacer? ¿lavar? ¿tender la cama? ¿aprovechar para ir a vagar un rato porque sé que el domingo está destinado totalmente a los deberes domésticos? Sí, vagar por la ciudad. ¿A dónde? La ciudad de México ofrece un sin fin de posibilidades, basta pararse en cualquier esquina del centro o alguna colonia turística para encontrar algo. Desde hace tiempo tenía una idea, ir al bazar de libros en las inmediaciones del histórico panteón de San Fernando. 

¿Qué mejor compañía para sumergirse entre libros y tumbas que Rockdrigo González? Uno de los mejores cronistas de la Ciudad de México, antes D.F. Salí con el Hurbanistorias reproduciéndose para enfrentar el caos matutino del sábado. El tráfico ya no es tan liviano como solía serlo. La eterna avenida Zaragoza, el azote del oriente, la pesadilla de mexiquenses, capitalinos, paseantes y transeúntes. Por fortuna la lluvia inclemente de los últimos meses ha cesado, la mañana estaba despejada y daba paso al medio día. 

El metro, otrora aliado, era un obstáculo más a sortear, la mal llamada nueva línea uno es tanto o más caótica que antes de su modernización casi sexenal. Mucha gente, muchos bultos, muy lenta, sin señal telefónicas. Hice el transbordo en Balderas, donde está la estatua de Rockdrigo, irónico pues en la rola Metro Balderas pide ser llevado hacia Hidalgo o hacia dónde sea, pero no cruzarlo, por la estación de Balderas…

Descendí en Hidalgo, línea 3, caminé, erre la salida y caminé más. Crisol es una palabra perfecta para aplicar al cruce de Reforma, Hidalgo y Juárez. El rock show, San Hipólito, la Alameda, la ciudad en estado puro. Y a unos pasos sobre Hidalgo la plaza que comparte nombre con el panteón, San Fernando, ahí, dicen, es un lugar de encuentros eróticos en ciertos horarios, pero los sábados, el placer carnal cede un poco para dar lugar al placer intelectual.

Llegué poco después del medio día ¿Cómo se llegó a la conclusión de que sería una buena idea vender libros en ese lugar? Esa labor periodística la realizaré pronto. El bazar conjuga dos cosas fascinantes, libros usados y muerte o al menos un recordatorio de ella. Es una antítesis muy buena, por un lado las lápidas como recordatorio de quienes dejaron éste mundo y los libros que están extendiendo su vida para dar conocimiento y entretenimiento a un nuevo dueño; e incluso, si hay suerte, y se encuentra algún libro con dedicatoria, pueden servir también como epitafio: 

Para Laura, de José, espero que lo disfrutes tanto como yo, abril 1982.

Antonio, ésta es la obra que quiero ver contigo, atte: Esperanza. 

¿Cómo llegó algo tan valioso a ese lugar? ¿Qué fue de quién dedicó y a quiénes dedicaron esas palabras? más labor periodística por hacer.

 Buscaba literatura esotérica, algún tratado de magia o compendio de hechicería, ¿Algún grimorio? Todo puede ser posible, depende de lo qué se esté dispuesto a pagar, y no sólo en costo económico. Pero esa es otra historia. Encontré a Luis Spota, a Alejandra Pizarnik y a Eliphas Levi, además de un par de títulos para aprender el arte de la cartomancia. Nada mal para una visita rápida. 

También recorrí el pequeño panteón donde Tomás Mejía compartió descanso con Juárez, vaya zona llena de paradojas. Los mausoleos decimonónicos, muchos quizá vacíos, dan cierta paz, tal vez porque como museo la vibra es diferente, el recorrido es pequeño, pero vale la pena. Seguramente a quiénes aún andan por ahí, les agrada recibir visitas de vez en cuándo y aprovechan el bullicio que trae el Bazar. Tomé algunas fotos a las criptas, de vez en cuando las veré para dedicarles un pensamiento de paz, como la que ellos me dieron mientras andaba caminando por su casa. Es hora de regresar a casa, hay mucho por leer.

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