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YO CONTRA EL METRO

¿Ineptitud? ¿Valemadrismo? ¿Negligencia? Cada maldita mañana me pregunto cuál es el motivo para tener un sistema de transporte tan dado al carajo. El metro de la CDMX, debería ser, en teoría, “El Sistema de Transporte”, por la cantidad de usuarios que mueve y ser la vía para acceder a casi cualquier sitio de la ciudad, uno esperaría, al menos, que usarlo no fuese una tortura.

Cada mañana miles y miles de personas lo abordan con la ya extinta esperanza de llegar a tiempo a su destino. Y digo extinta esperanza porque las caras de quienes lo usamos son de resignación, de expectativa por saber cuál será el motivo del retraso, eso, cuando de pura casualidad las “autoridades competentes” dan algún tipo de anuncio por medio de los altavoces que hace lustros tuvieron mejores tiempos.

La obsesión de las empresas por centralizar todo en la ciudad es ya inexplicable, la era digital facilita, o debería facilitar opciones como el trabajo desde casa. Pero no, al parecer aún hay empleadores con ideas rancias que te quieren tener ahí, vigilado, harto por ese camino de mierda que tuviste que soportar en la mañana. Y ¡ay de ti si llegas tarde! Porque los descuentos, aunque te dejen salir después de tu hora sin algún motivo aparente, llegarán.

Pero volvamos al infierno de los viajes en el metro. Primero, lograr entrar se convierte en una hazaña, sistemas de “dosificación”, de usuarios, que más bien parecen corrales marcan el camino al ganado, a la borregada con ojos tristes que se desplaza desde el estado de México o alguna colonia lejana de la capital hacia la zona centro, en su mayoría. Una vez adentro, esperar, ya no por un asiento, al menos por ir no tan aplastado. La comodidad es un lujo que, al igual que los usuarios, no tiene lugar en el metro.

Si lograste entrar, estás en riesgo de encontrarte con algún sujeto que ha tenido una mala mañana. Quizá tuvo un episodio de disfunción, quizá lo engañó su esposa, quizá simplemente tiene tendencia a la violencia, o ¡vamos! Tener que subirte al pinche metro todos los días y encontrar cada vez más desmadre ya es motivo suficiente para acumular, irá frustración, coraje. Pero, no te vas a quejar saliendo a las calles ni manifestandote para exigir un transporte digno. No tienes tiempo, ni te puedes dar el lujo de faltar, ya tienes suficiente con los descuentos por retardo como para organizar una marcha o plantón a los cuáles nadie asistiría porque, ¿La verdad? El hambre está cabrona. Así que dejas que las “autoridades competentes” hagan lo que les plazca con tu tiempo, con tu dinero. Y pues ¿cómo te vas a quedar con ese coraje, con esa frustración? Pues fácil, eliges el camino de la violencia contra el primer sujeto con la misma frustración que tú, con el mismo coraje, con los mismos problemas. Dos tres, cuatro golpes. Y los demás te miramos indiferentes, un grito a la distancia “ya tranquilos” pero nadie se mete, a nadie le importa. ¿Bajar la palanca? ¿Para qué? Eso solamente retrasaría el servicio aún más y nadie quiere eso. Te das en la madre, estás sangrando, el otro sujeto también, solamente se detienen porque llegó un policía que, estás seguro, mide menos que el mínimo indispensable que pide la corporación. ¿Qué hace? Nada, se asoma, pregunta, mira indiferente a los dos sujetos que están sangrando y sigue en lo suyo. No le pagan lo suficiente para arriesgarse a ser golpeado también. Los ánimos se calman, sacaste un poco de coraje o quizá generaste más. Da igual, ya vas tarde.

Y siempre te vas a encontrar a un hijo de puta cuya solución es “sal una hora antes”, ajá, pendejo, pero ¿El tiempo para mí? ¿Mi descanso para reponerme del fatal camino? ¿El tiempo para mí familia? Y además, salir una hora antes no es precisamente asegurar la llegada a tiempo. No, recuerda que tienes que usar el metro y eso siempre significará una sorpresa, una avería, o algo, a veces, si somos paranoicos, parecería que los retrasos son a propósito, un morboso juego de “las autoridades competentes”. 

La vida es un riesgo, carnal.

No olvidemos esa máxima popular, pues viajar en metro, es justamente eso, un riesgo: robos, acoso, desperfectos y hasta derrumbes, el metro ha dejado de ser un lugar seguro, el metro es un sinónimo de negligencia. Pero si somos sinceros, al chilango ya solamente le queda la resignación, el aceptar ese orden de las cosas. Insisto, quejarse ya es un sinsentido y una pérdida de tiempo y, aún más importante, de dinero.

Así qué, no queda más, sacrificaras tu tiempo para llegar antes y seguir comiendo. ¿Descanso? Bueno, la muerte lo ha de traer.

APÉNDICE

Se que muchas veces, en medio del caos, la violencia y la ineptitud, sumado a la necesidad de llegar al trabajo a tiempo, nos hace volvernos un tanto irracionales. Buscamos llegar a como dé lugar, sin importar casi las consecuencias, aún cuando aquellas sean, pues más retraso. 

Puse estas notas como apéndice pues los usuarios nos vemos orillados a este tipo de acciones, todos hemos estado en alguno de ambos lugares, tanto adentro, metándole la madre al que quiere entrar si o si, o afuera, intentando alcanzar esa última oportunidad que nos acerca a nuestro destino. Por tal motivo, no siempre se nos puede señalar como ojetes, por aferrarnos a entrar, cuando, si tuviéramos un sistema de transporte eficiente, no enfrentaríamos una situación tan mierda.

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