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Semana de Perros

Pinche Lunes

Mal comienza la semana para el que cuelgan en Lunes, dice la frase popular. Con miedo a ganarme la enemistad de aquellos puristas de los refranes y dichos, les aseguro que están en un error. Dichoso aquel que cuelgan en Lunes porque así ya no tiene que enfrentarse al mundo… o eso pensaba hace no mucho tiempo, el lunes 29 de septiembre del 2025 año de nuestro señor Jesucristo que en paz descanse.

¿Crisis de la edad? Tal vez, ¿epifanía? muy probablemente mi vida, es un caos, lo sé desde hace años. ¿Había hecho algo para remediarlo? No, sinceramente no, solamente reaccionar a las circunstancias, de una manera, pues sí, caótica. Sembraba destrucción sobre lo que ya tenía, un reinicio constante. ¿a qué obedecía? Quizá a llevar la contra, a demostrar que podía lograr algo diferente a las acusaciones, a las amenazas, a la catástrofe. Si preguntan a quienes me conocieron hace no mucho tiempo, dirán que siempre hacía mi voluntad, que era mi egoísmo el que me hacía actuar. Hoy les digo que no es así. Sí hacía “mi voluntad”, pero no era lo que realmente deseaba hacer. Me explico: En realidad lo que buscaba era demostrar que podía llevar la contra y triunfar, o al menos sobrevivir, sin importar que el tornado de acciones arrasara con Kansas y en lugar de llevar a Dorita a Oz, la dejaba ahí, sin casa, sin esperanza, sin ilusión.

Pero ese tornado nunca se hizo escuchar, nunca, irónicamente su spin comenzaba porque hacía lo mejor para quién lo rodeaba, sin importar lo que perdía en el proceso, a pesar de recibir críticas constantes, señalamientos, la mayoría de ellos ganados a pulso, no hay que decir lo contrario. Me perdí, mucho, de la peor manera, ¿por? miedo a no ser suficiente, a no hacer lo mejor, a no ser lo que querían que fuera. Y me dí cuenta de algo: la destrucción era inherente a mi, bien pude detenerla, pero preferí justificarla, culpar a los demás por el caos, mi caos. No eran ellos, eran mis reacciones, sus palabras eran un pretexto y nada más, ese empujón necesario para satisfacerme “pues era lo justo”.

Debí darme cuenta de eso, yo era el caos, soy el caos, fuí y seré caos, pero no por los demás, por mi. “Acepté” siempre la culpa más como una consecuencia, una tonta justificación. Todo por miedo, mi tonto miedo a buscar hacer lo mejor para mi, y aceptar las consecuencias de mis actos directamente y sin necesidad de intermediarios. Y un día de enero destruí mucho, luego en un día de septiembre destruí con más fuerza, luego un día de octubre, seguí destruyendo. ¿A qué costo? el más alto, quizá. 

Y ahora, debo crecer, construir a partir de lo que de verdad quiero hacer, si es que aún hay tiempo para hacerlo. Intentando luchar contra el miedo, contra mi, contra esa sombra que soy yo y de la que he librado a mucha gente, pero de la cuál no me puedo librar, al menos no mientras esté vivo. Ya veremos si lo lograré o en una de ésas me llevan al cadalso en un lunes. ¿Me leerán después?

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