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Semana de Perros

Reflexiones

Las lluvias siguen, al parecer no habrá tregua, la infraestructura del mundo número 3 no se da abasto, nunca antes había necesitado tanto de un cigarro. Nunca antes había añorado tanto una cerveza fria en la soledad de lo que fué mi cuarto. No tengo un espacio para mi, no tengo soledad para pensar, embriagarme o masturbarme a gusto. Deseo cambiar eso próximamente. Entre ir y venir, resulta que la gente avanza, yo avanzo también, a un ritmo más bien errático, o así fue. Aún hay demonios por enfrentar, música para escuchar, soledad por ganar, eso significa trabajo por hacer. 

Voy incómodo en el bus, al menos estoy sentado, a la derecha va gente caminando; el metro, para sorpresa de nadie, falló. De verdad quiero esa cerveza en compañía de nadie más que una buena selección musical. David Bowie, The National, Los Estrambóticos, Ana Gabriel.

Estoy cansado, pero a diferencia de otros días, se trata de un cansancio más satisfactorio, me encuentro a uno o dos pasos del desapego total del pasado, si se le puede llamar así al hecho de superar los fantasmas que aún rondan por mi cabeza, los ahora llamados pensamientos intrusivos, otrora conocidos como chaquetas mentales. Mi vida tenía un tope, me refiero a que no veía más allá del día siguiente, de repente los sueños se apagaron por culpa de una persona con aspecto amable, sincero, pero solamente era una máscara, sus verdaderas intenciones eran nefastas, me manipulaba para ir hacia el fracaso, hacia el desorden, mi caos más parecido al universo mismo, me refiero a que todo tenía una razón, lo convertía en un armagedón. Esa persona soy yo. Evitaba mirarme al espejo para no enfrentarme a mí mismo, así como he evitado lidiar con tantas otras cosas. Espero ganar la batalla.

Las palabras fluyen, también las ideas, las acciones van tomando el lugar de los planes, poco a poco, un día a la vez. Hay ganas de rendirse, no lo niego. Una idea ronda mi cabeza, encerrarme en un hotel de mala muerte, embriagarme y escuchar música, escribir toda la mierda que aún queda, a modo de catarsis, a modo de exorcismo para sacar esos demonios pegados a mi glándula pineal. Pararme frente al espejo, con esa bebida llamada desarmador en la mano, dar largos tragos, hablarme al chile, con sinceridad, con furia, sentirme libre y fuerte, ganarme, ganarle al concepto en el que me he convertido.

De repente reacciono, casi llego a casa, seco, sin caminar innecesariamente, sin la frustración que llevan los peregrinos involuntarios, tuve suerte, o hice todo para que me funcionaran las cosas, puse las probabilidades a mi favor y gané. Soy un mago, sentencié una vez bajo la lluvia mientras caminaba para calmar la ansiedad, el dolor de abdomen, mandíbula y hombros que se manifestaron gracias a situaciones diversas. La magia no es fácil, es trabajo, soy un neófito, apenas un aspirante a aprendiz, pero con las ganas de hacerlo, hay quién dice que tengo un don, no lo creo. 

Libero todo lo que ya no me corresponde, he leído esa frase hace menos de un minuto, las circunstancias y su aparición a mi favor. Sí, libero aquello que ya no es para mí, que está preso en mi cabeza, en mi corazón, lo que no me hace bien, abrazo mi ser, mis talentos, mis fuerzas. 

Ya en casa ha cesado la lluvia, es hora de dormir, es hora de reposar para avanzar. Seré libre. Ya está sonando Ritmo Cósmico.

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