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La Hora de los Valientes: reseña y emociones

Domingo, tristeza, nostalgia. ¿Cómo enfrentar la incertidumbre de una decisión que se va a tomar y todo apunta a un marcador desfavorable? Primero: escuchar las rolas más tristes del mundo, llorar, abrazar ese sentimiento, el de una despedida cuya existencia no debería ser y aún así se le considera. La limpieza también ayuda, barrer, trapear, pensar. Comer cualquier chuchería, cualquier chatarra, compensar con comida las carencias del alma. Hacía mucho no sentía tristeza tan grande, la última vez el alcohol ayudó a mi destrucción y me brindó una falsa sensación de seguridad, de inexistente bienestar. Hoy beber no es opción, solamente el llanto, buscar algo para distraerme, quizá ver una película, ¿cuál? la que sea.

Busqué una que aún no se estrena, vi el trailer y dejé a la plataforma sugerir algunos títulos, ¿el resultado? La Hora de los Valientes, había escuchado algo de ella, la tenía en el radar, dí play.

Si algo nos gusta a los mexicanos, aunque, pienso que no hemos tomado consciencia plena de ello es el cine policiaco, y si le agregamos comedia, el resultado suele ser medianamente bueno, entretenido pues, nada rebuscado en la mayoría de los casos, pero lo más importante, verosímil con la realidad del país. Y no me refiero a temas de nota roja, sino al lenguaje, a las imágenes, al los sonidos, el universo diegético es coherente con el día a día de nosotros los mexicanos, ahí radica el éxito, según yo.

La Hora de los Valientes, protagonizada por Luis Gerardo Méndez y Memo Villegas cumple con los requisitos arriba expuestos, es decir, en su realidad le crees, no es algo forzado, no es una mala adaptación de una película o guion gringo, es coherente y eso se agradece. 

La Trama

Un psicoanalista se convierte en acompañante de un policía que está pasando por un mal momento anímico, se cumple el cliché de la pareja dispareja, pero no es algo exagerado. La camaradería florece cuando se dan cuenta de algo: son compañeros del mismo dolor. Hubo un momento en el cuál el personaje de Luis Gerardo Méndez se quiebra, y tal vez por mi momento de vulnerabilidad, lo hice yo también, no por el mismo motivo, pero sí por temas del corazón. A partir de ahí me atrapó.

Pero no puede ser una buena película policíaca sin un crímen a resolver, sin un villano con un propósito letal. Si he de ser sincero, en esa parte queda un poco a deber, si bien la premisa es buena, no se siente un peligro real, la investigación es más bien sencilla. La historia se centra en el desarrollo de la relación de los personajes, lo cuál no es malo, aunque siendo una película policiaca, se necesitaba un poco más de conflicto, de acción. Aunque la forma en la que se revela quienes son los malos, es bastante buena, bien por ese giro de tuerca, aunque, insisto, se pudo hacer un poco más.

Al final, los protagonistas ganan, obviamente, luego de un no tan inesperado cambio de roles y más de una muestra de amistad sincera. ¿Habrá segunda parte? Debería.

Me dejó con un buen sabor de boca, más de lo que esperaba, cumplió su objetivo, distraer mi mente de la situación de ése domingo. Tres de cinco sorbos de refresco, gracias a su efecto en mí, de lo contrario, se quedaría en dos y medio. Ah, sí, está en Netflix.

Postcréditos

Y al final, la realidad, el monstruo que desató mi tristeza sigue al otro lado del espejo, por unos momentos, logré entretenerlo. Ese monstruo debe morir…

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