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La Efeba Salvaje

Soy fan de Carlos Velázquez, gracias a su columna en El Cultural del periódico La Razón he conocido o reencontrado grandes bandas. No recuerdo cómo llegué ahí, solamente sé que fue en un ejemplar físico del diario, así como leían nuestros antepasados. No sé si les pasa como a mi, cuando encuentran alguna buena columna o un buen escrito, comienzan a indagar acerca del autor, así llegué a la Biblia Vaquera, a Aprende a Amar el Plástico y obviamente a La Efeba Salvaje. 

El cuento y en general los relatos breves se están convirtiendo en mi forma favorita de literatura, tal vez es mi capacidad de atención que disminuye por culpa de la forma de consumo masificada y veloz, o mi hueva crónica. Si le preguntan a algunas personas, argumentarán mi miedo al compromiso y una insana tendencia a lo efímero, cómo si no tuviera los huevos para leer una novela de 600 páginas o tener una relación de por vida.

Por lo que sea, el cuento es mi refugio, historias de unas pocas páginas que puedo leer de principio a fin en mi trayecto al trabajo a bordo del metro proveen alivio y me evitan la ansiedad, otro signo de nuestros tiempos.

6 relatos 6

En 6 historias Carlos Velázquez hace gala de ingenio, su narración es ágil, sus descripciones precisas y sus historias te dejan pensando ¿Cómo se le ocurren ideas tan maravillosas, tan catárticas? Los escritos son punk, son rock, son vida, son muerte, son cambio. ¿Ya he usado la frase esperar lo inesperado? si no es así, la uso ahora. La Efeba Salvaje no es apta para puristas, es algo que lees, como dije, en el metro, mientras esperas a tu chica abajo del reloj en metro Hidalgo, o un domingo antes de pensar en tu vida de godín y las menos de 24 hora que te separan de ella. 

Pero ojo, también se vale esperar el momento indicado para leerla, yo guardé ese tesoro por un año, después de comprarlo, sabía que llegaría la ocasión adecuada, un mal momento emocional, un ataque de ansiedad o un cambio fuerte en mi vida. Y cuando esto último pasó, dije: es hora, retiré el celofán, me tendí en mi sillón-cama-ropero, y leí. Me encontré con un ludópata cuya suerte cambió, para variar, por una mujer, con un rebelde del imperio ejecutando a un soldado imperial, con una desconfiada aprendiz haciendo las de detective, con un supersticioso amuleto de muerte, con un sujeto lleno de amor y con animales zombies. Sí, todo eso en solo seis relatos que, sinceramente, dejan con ganas de más, pero al mismo tiempo te dejan satisfecho por su redondez. 

Quisiera hablar más de cada historia, pero prefiero sembrar la curiosidad para que vayan a leer La Efeba Salvaje y de ahí se siguen con la Biblia Vaquera, Aprende a Amar el plástico y si ven el Menonita Zen, por favor abstenerse de contármelo, es el que sigue cuando termine de leer los cuentos de Roberto Bolaño.

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