Semana de Perros

La Caída del Sistema

Si crees que algo no puede empeorar, empeorará. Primera ley de Murphy

Casi doce horas trabajando en la oficina, entre reportes, clientes molestos que insisten e insisten exigiendo una respuesta que nadie con la autoridad de un agente de servicio a clientes puede darles. No señor, no ha salido su pedido, no puede venir a recogerlo, no, no, no… al final, el cliente siempre pierde la razón.

Entre llamadas y llamadas, te piden un reporte, lo envías, te piden resumirlo, enviarlo con filtros, pero los filtros no dejan ver toda la información, te piden que los quites, otro resumen, descubrí que puedes poner cualquier cosa y nadie lo revisa realmente, no a fondo. Pero entre tanto cambio, pierdes tiempo, olvidas llamarle a la señora histérica, al señor extranjero, a la de voz bonita. Y te cuestionan ¿por qué no atiendes a todos en tiempo y forma? Ésto mientras escuchas gritos al otro lado del altavoz. Puta suerte, dices entre dientes a la vez que quieres salir corriendo dejando todo botado. He querido correr, he querido ir a cada periódico, revista y página a pedir trabajo. Por favor, págueme por escribir, págueme por traerle historias, prometo ser el mejor. Pero tienes miedo. 

Recuerdas que traes tus calcetas de la suerte, es decir las mallas que compraste cuando nació tu alter ego de payaso trampa, al que solo has traído una vez a éste plano de la existencia. Y de repente silencio, algo inusual pues después de una mañana entera con los teléfonos sonando apenas cuelgas, el cambio se hace evidente. Trabajas, en los reportes, estas consciente de que esa falla no es algo normal, nadie dice algo. Luego falla el internet, el servicio es intermitente, viene, va  Sigues trabajando pues la hoja de cálculo funciona perfectamente sin internet. Necesitas consultar algo, tu ERP no abre, ¿por? la contraseña es la misma, ya no compartes usuario, así que sabes que puedes entrar cuando se te de la gana. Y luego un hijo de puta señala lo evidente, no hay sistema, le maldices porque quizá no se tarden en hacer los ajustes necesarios para su regreso. 

Ese día mis calcetines tuvieron efecto, no regresó la línea telefónica. Trabajé sin molestias, haciendo reportes, contestando correos, usando la palabra como mi fuerza. Lo disfruté, así como García Madero escribía su diario en Los Detectives Salvajes, como Pig escribiendo su vida en Diablo Guardián, así como yo mismo escribiendo en éstas páginas, en mis blogs pasados, en mis clichés. Escribir, escribiendo, escribo, soltando palabras para expresarme, para trabajar, para todo…

Suena No te va gustar, suena enjambre, suenan mis palabras. El sistema cayó, el sistema me permitió ser yo…

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